
10 de la mañana del 6 de enero y horrendo sol amarillea potentemente la sala calentando a la gata que yace patiabierta en una exhibición explícita, o pornográfica, de hedonismo. Una señal de lo que vendría más tarde.
Yo salgo con una maleta grande: impermeables, sacos y sombrilla, porque pues… Bogotá.
Ahí envuelto en todo eso va también mi cámara, compañera morbosa ella, yo no, con la que me dispongo desde enero a hacer realidad de una vez por todas el deseo de esa uva que me gritó enfurecida que BBYB es mi bebé, que es mi deber cuidarla aunque ya tenga 18 años, y me haya agotado y depronto hasta golpeado un par de veces. Que en el año 2026 la misión que debo aceptar es entender que esa bebé ahora no solo es más grande que yo sino que es LEGENDARIA, que ha llegado la hora de arrodillarme ante ella a entregarle como ofrenda el poco o mucho tiempo que me quede y que... aunque el ánimo no sea ni haya sido el lucro, Dios bendice este negocio. Y será por algo.





Me monto a la moto con un sol el hijuepuerca esperando a que lloviera, a que lloviera duro,
sin la menor idea de que iba a vivir una de las experiencias más intensas y arrechantes que me han pasado en estos 18 años de BBYB.
Este cuento se llama
Seguimos a un UNICORNIO
ALICE se llama la rola que voy a conocer, quedé de recogerla a las 11 en chapinero.
Sabía poco de ella, le dijo a Sofía que quería salir en BBYB desde hace muchos años, que el pago no era importante
El plan inicial: dar una vuelta y encontrar juntos lugares bogotanos aletosos para fotografiarla.
Ya habíamos quedado en que la lluvia no nos iba a asustar.
Se montó a la moto con su culifalda....
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